martes, 31 de enero de 2012

Cuento de ciencia ficción: El Emperador de la Nada



En una galaxia muy lejana, de cuyo nombre no puedo acordarme, había un Imperio estelar majestuoso, progresista y feliz.

Bajo el gobierno de Amnohtep I y su hijo Amnohtep II el Imperio alcanzó su máximo esplendor.
Setecientos setenta y siete sistemas estelares progresaban bajo el liderazgo inspirado de Amnohtep II.

En el año 1537 de la Era Imperial, Amnohtep II murió en un desgraciado accidente, a la temprana edad de doscientos cuarenta y dos años.
Por una serie de circunstancias inexplicables, la sucesión salteó rápidamente a sus tres hijos y dos hijas, y se depositó en su sobrino, quien fue coronado a la edad de setenta años como Amnohtep III, bajo la mirada aprobadora de su mentor, quien pasaría a la historia como El Consejero.

Nadie sabe a ciencia cierta dónde nació ni dónde se crió, ni siquiera el nombre o el sexo del Consejero. Los pocos que sabían, o afirmaban saberlo, desaparecían rápidamente de la escena pública. Muy pronto, aún aquellos que sabían algo, aprendieron a mantener sus bocas cerradas.



La Federación de Fourthan, con solo diez sistemas estelares, era la única entidad independiente del Imperio en esta parte de la Galaxia.
Los ciudadanos de Fourthan eran sumamente celosos de su independencia. Aunque solían enviar consejeros científicos al Imperio, los intercambios comerciales eran mínimos, y los turísticos, nulos.
El Consejero pensaba que ésa sería una presa fácil para un Imperio cuya cantidad de sistemas estelares había permanecido constante durante demasiados decenios.

La expedición de setenta y siete naves de guerra se internó en la Federación con la confianza de quien se apresta a un paseo militar. Nunca se supo más nada de esa flota. Desapareció sin dejar rastros, sin haber enviado ni siquiera un mensaje.
El Embajador de la Federación, llamado con urgencia al Palacio, negó saber nada sobre el paradero de la Flota. La indignación del Emperador creció aún más cuando en tono educado, que el Consejero calificó como soberbio, el Embajador le preguntó cuál era el objetivo de una flota de guerra en territorios de la Federación.
Sin casi darse cuenta cómo pasó, el Embajador se encontró fuera de Palacio, escoltado al espaciopuerto, y expulsado del Imperio.

Fueron siete años febriles. Siete años de preparaciones con un sólo objetivo. Cada una de los 777 sistemas estelares debía contribuir con 777 naves de combate. Cada nave de combate, debía proveerse con una tripulación de 777 soldados, entre los más selectos del Imperio.
Al término de 7 años, el Consejero y el Almirante pudieron entregar el más espléndido regalo al Emperador. Para su cumpleaños número 77 le anunciaron que la Flota estaba lista.

El esfuerzo de guerra había aniquilado al Imperio. Los cobradores de impuestos ya no encontraban de dónde recaudar más fondos, y las obras de construcción habían requerido la conscripción forzosa de miles de millones de ciudadanos.

En el mediodía del día de su cumpleaños, el Emperador se dirigió al Gran Oráculo. Iba caminando con paso firme, coronado con la resplandeciente Aurola Imperial, escoltado por el Consejero y el Almirante, todos vestidos en ropajes magníficos de oro y plata, rebozantes de condecoraciones de batallas reales y ficticias.
A cada lado de la interminable alfombra que comunicaba el Palacio con el Templo, dos hileras de jóvenes vivaban al trío, arrojándoles flores al pasar, con grandes gesticulaciones, con la mirada vacía, con la sonrisa mecánica y congelada.

Seis de las siete puertas del Templo del Oráculo estaban abiertas de par en par. Todo el Templo era brillo y luz. No podía encontrarse ningún rincón que no estuviera limpio y reluciente.
En la bóveda del Templo, setecientos setenta y siete diamantes, los más grandes que se pudieran imaginar, brillaban con una luz rara, interna, siempre cambiante.

El Emperador se dirigió al Gran Sacerdote y pidió ver en el Oráculo el destino de la batalla. El Gran Sacerdote le señaló las pantallas con un amplio movimiento del brazo.

El Consejero no vio nada. Tampoco el Almirante, ni el Emperador.
El Consejero se irritó, lo molestaban las pérdidas de tiempo. El Emperador se revolvió incómodo, y preguntó, no sin temor, el por qué de la ausencia de imágenes.

El Gran Sacerdote lo miró, y comenzó a hablar:

- Grandes fueron tu tío y su padre, construyeron un Imperio como nunca se registró en la historia. Sembraron igualdad, y recogieron alegría. Sembraron seguridad, y recogieron la fidelidad de sus súbditos. Tú, en cambio, sembraste opresión, sembraste odio. Y llega el momento de la cosecha. Tu no recogerás Nada.

El Emperador se quedó mudo. No fue de su garganta que salió aquel grito terrible. Había querido llamar a los guardias para callar al insolente, pero el grito lo inmovilizó.
Caído a su lado, con el cuerpo contracturado, una mano agarrada a la garganta y el rostro distorsionado, el Consejero no se movía. Se arrojó al piso y en vano lo sacudió. No ocurrió nada. Todo en el Consejero era la imagen de la muerte. Pero lo peor eran sus ojos. Sus ojos llenos de Nada.

Levantó la vista justo a tiempo para ver la espalda del Sacerdote desapareciendo por la séptima puerta. La puerta de madera, que había permanecido cerrada desde tiempo inmemorial. Y ahora, al cerrarse la séptima puerta, la Pluma del Fénix, el Protector Imperial, se había descolgado de la puerta y caía en lentos vaivenes hacia el piso.
A cada vaivén, otro diamante de la bóveda se apagaba. El Emperador empezó a correr y tropezar, correr y tropezar, mientras uno por uno se apagaban los diamantes.

El Templo se quedó a oscuras. El Emperador se desplomó a tres pasos de la Pluma. Sus ojos no veían nada.

Afuera, comenzaron los festejos.

Claudio Avi Chami

lunes, 30 de enero de 2012

La loca aventura del saber - Cap.8: A una dama no se le pregunta la edad...



...o por lo menos, así me educaron a mí.

Pero parece que el mundo de la ciencia no se guía por reglas de caballerismo. Una de nuestras maneras de comprender el Universo es cuantificar. Medir tiempos, medir distancias. Y después nos encontramos con números que son, para la mayoría, completamente inasibles, y nos vemos obligados a inventarles ejemplos paralelos para intentar, de alguna manera, comprenderlos. Y así el Sol se convierte en una esfera del tamaño de una pelota de basket, y la Tierra una ínfima bolita a una distancia de unos 30 metros. O imaginamos que la edad de la Tierra es equivalente a un sólo día, y entonces, resulta que el ser humano aparece en el mundo sólo durante el último segundo de ese día prodigioso. El día (imaginario) completo tiene una duración de unos 4.500 millones de años.

Pero, de dónde salen esos números prodigiosos, de miles de millones de años?

En esta nota comentaremos sobre el uso de uno de entre los muchos métodos que existen para intentar hacer lo que no se debe, revelar la edad verdadera de la dama que nos cobija, la Tierra. O de otra dama cuya edad también nos ocupa y preocupa, la Naturaleza viva.

Hablaremos del carbono 14.

Todos los compuestos de la naturaleza estan formados por átomos. El documento único de identidad del átomo es la cantidad de protones en su núcleo. Un átomo de hidrógeno tiene un solo protón.

En principio, un átomo posee el mismo número de electrones que de protones. Los protones tienen carga eléctrica positiva, y los electrones, negativa. Cuando su número es igual, la carga neta del atomo es nula.

Cuando el número de electrones no es igual al de protones, el átomo esta “ionizado”. Dentro de los compuestos químicos (moléculas), los enlaces entre átomos, en algunos casos, se producen cuando un átomo posee exceso de carga, y su “compañero” adolece de falta de carga eléctrica. En otros casos, los átomos en una molécula “comparten” electrones. En definitiva, la fuerza que mantiene unidos a todos los compuestos químicos del mundo en que vivimos es de naturaleza eléctrica.

El tercer habitante más conocido del átomo es el neutrón. El hidrógeno es el único átomo de la naturaleza cuyo núcleo no posee neutrones. El helio, el segundo elemento natural, tiene dos protones en el nucleo, y generalmente, dos neutrones. Hay tambien una “variedad” de helio que tiene dos protones y un neutrón. A este ultimo se lo denomina Helio-3 y al primero, de modo no muy sorpresivo, Helio-4.

Todas las “variedades” de un mismo elemento con distintas cantidades de neutrones se denominan isótopos. El helio tiene dos isótopos estables conocidos, el 3 y el 4.

Hay también isótopos inestables. Son los famosos y temidos átomos radioactivos, que pasado un cierto tiempo, “decaen”. El decaimiento de un isótopo se traduce en que el núcleo se divide y libera de su seno, partículas y energía. En las centrales y las bombas nucleares, se aprovecha el decaimiento de elementos radioactivos.

Los elementos radioactivos muy activos decaen muy rápidamente. A otros, les lleva miles de años decaer, o más. Existe una variable estadística que se denomina “tiempo medio” de vida de un isótopo inestable. Tomamos una cantidad determinada de un isótopo, y medimos cuando esa cantidad ha decaído a la mitad.

Al uranio 235 le lleva millones de años decaer, pero cuando se lo bombardea en forma artificial con neutrones, se produce un efecto en cadena y se libera la energía de una central o una bomba atómica de fisión (fisión es el nombre dado a la división de un núcleo atómico que comentamos antes).

El carbono es el elemento básico de todos los compuestos de los organismos vivos. Viene en tres “versiones”, 12, 13 y 14. El carbono 14 es inestable, y su vida media es de aproximadamente 5730 años.

El carbono 14 se produce por el bombardeo continuo de rayos cósmicos que llegan a la tierra. Durante su vida, todo ser vivo come y respira tanto carbono 12 como carbono 14.

Pero cuando muere, la cantidad de carbono 14 ya no se renueva y comienza a reducirse. Mediante el cómputo de la cantidad de carbono 14 en un organismo se puede datar su fecha de muerte con una cierta precisión. Este método no sirve para organismos cuya muerte ha ocurrido hace más de 60.000 años.

Willard Libby desarrolló este método en 1950 y recibió por ello el Nobel de Química en 1960.

Hay otros métodos de datación que usan isótopos inestables, como el potasio 40, que tiene una vida media de 13 mil millones de años. Por su larga vida media, el potasio 40 se utiliza para estimaciones de edad de estratos geológicos.

Noticias de la ciencia: En los límites de la realidad

La mecánica cuántica postula lo que se denomina dualidad onda-partícula.

En la física clásica, la luz visible era considerada como un miembro más de la familia de las ondas electromagnéticas, a la que pertenecen también las ondas de radio, infrarrojos, ultravioleta y rayos X.

Los electrones eran considerados partículas elementales.

Pero hete aquí que a veces la luz se comporta como si estuviera formada por partículas individuales: Los fotones. Por otra parte, los orbitales de los electrones en un átomo son los lugares donde la función de onda del electrón se refuerza a sí misma. O sea, tanto luz como electrones pueden ser considerados como ondas o como partículas. De allí el concepto de dualidad.

En el video a continuación se muestra un experimento que tiene desconcertados a los físicos modernos. Tanto fotones como electrones presentan patrones de interferencia al pasar por rendijas, aunque sean enviados uno por uno (cómo puede una sola partícula interferirse a sí misma?).

Una interpretación es que el electrón (o fotón) recorre todos los caminos posibles para pasar por las dos rendijas. Otra interpretación un tanto más increíble aún, es que los patrones de interferencia se deben a la interacción con partículas… de universos paralelos!

Hay otro comportamiento increíble en este experimento… pero es preferible verlo en el video:


Cuento de ciencia ficción: El amor es ciego

La delegada danesa me alargó la mano, esbozando una sonrisa luminosa.

Pero, aunque ella probablemente no lo sabía, yo captaba perfectamente el asco que le generaba. Así es que tuve que esforzarme mucho para tenderle mi mano, dibujando también una sonrisa igual de luminosa y de vacía.

Soy consciente de mi presencia. Bajo, obeso, decididamente feo… y con acné. Pero aún así, no me puedo acostumbrar ni puedo aceptar el tremendo asco que eso le genera a tanta gente.
Ni mi familia puede entender cómo, con ese aspecto, fui aceptado en el cuerpo diplomático.

Hace ya de ello… cuánto? Más de tres años!

Iba caminando por la calle, ensimismado en mis pensamientos. Por eso, y sobretodo estando la calle tan desierta, me tomó de sorpresa el golpe en el hombro… Me di vuelta indignado, dispuesto a regalarle al insolente un dolor de cabeza que le duraría por lo menos una semana.
Me dí vuelta para enfocarlo, y allí recibí el puñetazo en el estómago, que me sorprendió más aún… y ya no vi más nada.

Cuando me desperté, estaba en una habitación completamente opaca a mis pensamientos. Nunca había visto o sentido nada igual. Detrás de una pequeña ventana de vidrio había tres personas, dos hombres y una mujer.
Telépatas, como yo. Ninguno de ellos tenía ni siquiera la mitad de mi fuerza telepática, pero entre los tres, me dominaban con facilidad.

Además, yo estaba cansado y hambriento.

La puerta se abrió, y la cabeza casi me estalla. Vi una silueta recortada contra la fuerte luz. Esa sería la primera y la última vez que me encontraría frente a frente con mi comandante.
Llevaba puesto un sombrero, tan opaco a mis pensamientos, como las paredes de la habitación.

Me explicó brevemente que desde ese momento yo pasaba a ser agente del gobierno. Es un cargo absolutamente voluntario. La alternativa, como me dieron a entender sin lugar a dudas, era ser “voluntario” en los laboratorios de la DARPA, donde probablemente me tendrían atado a una cama por el resto de mis días.

Así que me alisté como voluntario, y no me puedo quejar. Me pagan muy bien, y viajo por todo el mundo acompañando al cuerpo diplomático.
Oficialmente, por supuesto, SOY PARTE del cuerpo diplomático.

No sé cuántos telépatas hay en el mundo. Creo que muy, pero muy pocos.

Mientras la delegada danesa me daba la mano con todas las intenciones de quitarla cuanto antes, yo pensaba disgustado…
Qué basura de mujer!
Y en el momento me quedé como congelado.

Lo habría dicho en voz alta sin darme cuenta?
No, no puede ser, la delegada seguía sonriendo mecánicamente, claro que ya se las había arreglado para retirar la mano.

Me dí vuelta y me di cuenta que alguien más había pensado lo mismo que yo. La vi, e increiblemente, me sonrió.

No tenía la figura de “super modelo” de la delegada, pero era con mucho la mujer más hermosa que jamás me haya sonreído. Pero no era telépata, eso podía asegurarlo.

Comenzamos a charlar y descubrimos muchísimos puntos en común.
Liberada por la bebida, me miró y me dijo:

- No creo que Ud. se haya dado cuenta, pero la delegada danesa es una mujer despreciable.
- En serio me lo dice?
- Sí, me imagino que siendo Ud. hombre no podrá ver más allá de la estupenda figura que tiene, pero… esa mujer desprecia a todos… y a todas.
- Y eso cómo lo sabe? Yo la encontré muy simpática… Acaso le leyó Ud. los pensamientos?
- Si quiere puede tutearme. Y no, obviamente que no le leí los pensamientos… no creo en esas idioteces. Pero si sé leer el lenguaje del cuerpo.
Esa mujer te tendió una mano toda fláccida, y estaba ansiosa por retirarla lo antes posible. Le faltó poco para limpiársela una vez que la retiró…
- Ummm, me parece que estás exagerando. Para demostrártelo, te invito a cenar.
- Por qué no? Esta recepción no tiene nada que ofrecerme.

Existe el amor a primera vista? En mi caso, es difícil de creer. Pero la admiración, el calor humano que sentía en ella eran… increíbles.
Por lo menos de mi parte, ya estaba completa y absolutamente enamorado.

Así fue que me sentí tocar el cielo cuando Cynthia vino conmigo al hotel. Me debo haber dormido por lo menos a las tres de la mañana.

A las cuatro, Cynthia se despertó, me acarició el pelo, me dio un beso en la frente, y todavía sonriendo se fue al baño.

Allí, donde yo no podía ya verla ni sentirla, Cynthia se relajó y se concentró. Se despojó de su piel humana y en su forma e identidad de Montannn, estableció contacto con el almirante del sector arturiano:

- Tiroeee, la misión está encaminada según lo planeado.
- Montannn, el telépata está contigo?
- Sí Tiroeee, lo tengo completamente dominado. Estos humanos libidinosos, son tan repulsivos!
- Un poco de paciencia, Montannn, estoy autorizado a revelarte que con este nuevo recluta, la segunda fase comenzará en muy poco tiempo. Limpiaremos al Universo de la plaga humana!

Montannn entreabrió la puerta del baño y mientras miraba al humano durmiendo plácidamente en la cama, no pudo menos que pensar:

- Pobre Tierra!

Y cortó el contacto, sonriendo.

Claudio Avi Chami
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